De Apiladores Eléctricos a Montacargas VNA: Cómo Elegir el Equipo Adecuado para Almacenes de Gran Altura

Dec 19,2025

A nivel global, las operaciones de almacén se enfrentan a restricciones cada vez más evidentes: el aumento del coste del suelo, el encarecimiento de los alquileres de naves y, al mismo tiempo, el crecimiento continuo del volumen de inventario y de la frecuencia de entradas y salidas. Para muchas empresas, depender únicamente de la expansión de superficie ya no es suficiente para sostener el desarrollo a largo plazo. En este contexto, el “aprovechamiento del espacio en vertical” está pasando gradualmente de ser una opción a convertirse en un desafío inevitable.

Bajo este escenario, el almacenamiento vertical ya no es una solución exclusiva de las grandes empresas logísticas, sino una vía de actualización que cada vez más almacenes de fabricación, comercio electrónico y distribución están considerando activamente.


I. En el contexto de la verticalización, la función de los equipos de almacén está cambiando

Cuando los almacenes comienzan a evolucionar hacia estanterías más altas y diseños de mayor densidad, el papel de los equipos de almacén también cambia en consecuencia. En el pasado, estos equipos se utilizaban principalmente para tareas básicas de manipulación; sin embargo, en escenarios de almacenamiento vertical, deben responder simultáneamente a requisitos de estabilidad en operaciones a gran altura, precisión de maniobra en pasillos estrechos y fiabilidad bajo condiciones de uso intensivo y prolongado.

Esto implica que las limitaciones de los equipos tradicionales en términos de altura de elevación, adaptación al ancho de los pasillos y márgenes de seguridad se amplifican progresivamente. La selección de equipos de almacén deja de ser una simple comparación de parámetros técnicos y se convierte en un factor decisivo que influye directamente en el aprovechamiento del espacio, la eficiencia operativa y los costes de explotación. Es precisamente en este contexto donde las empresas comienzan a reevaluar la idoneidad de distintos tipos de equipos de almacén dentro de sus procesos de actualización hacia el almacenamiento vertical.



II. Principales soluciones de equipos en el almacenamiento vertical

A medida que las operaciones de almacenamiento a nivel mundial avanzan hacia la verticalización, los distintos tipos de equipos de manutención desempeñan un papel clave en sus respectivos escenarios de aplicación. En el mercado, las tres categorías más comunes son las carretillas retráctiles (reach trucks), las carretillas VNA (Very Narrow Aisle) y los apiladores eléctricos, cada una diseñada para cubrir necesidades específicas en estanterías de media y gran altura, pasillos de alta densidad y aplicaciones ligeras en niveles medios y bajos.

Las carretillas retráctiles son adecuadas para estanterías de gran altura, normalmente entre 6 y 12 metros. Combinan una operación flexible en pasillos estándar con una elevada estabilidad de elevación, lo que las convierte en la opción preferida para muchas empresas que evolucionan desde carretillas convencionales hacia el almacenamiento vertical. En comparación con los productos habituales del mercado, las carretillas retráctiles TDER ofrecen alturas de elevación desde 1,6 hasta 13 metros, con capacidades de carga de 1 a 3 toneladas. Además, existen versiones retráctiles omnidireccionales con una capacidad máxima de hasta 5 toneladas. Todos los modelos cuentan con una garantía de 1 año o 2.000 horas, proporcionando a las empresas una protección fiable basada en estándares de rendimiento internacionales.

Las carretillas VNA están orientadas principalmente a almacenes de alta densidad, ya sean automatizados o semiautomatizados. Operan en pasillos ultraestrechos de 1,6 a 2,0 metros y realizan operaciones de almacenamiento y extracción en altura mediante sistemas de guiado por rieles o por imanes. Este enfoque permite incrementar el aprovechamiento del espacio entre un 30 % y un 50 %, lo que hace que las soluciones VNA sean especialmente adecuadas para almacenes con alquileres elevados, alta rotación de inventario y limitaciones severas de espacio. Manteniendo las configuraciones estándar del sector, las carretillas VNA de TDER se ofrecen a precio directo de fábrica, permitiendo a las empresas maximizar la densidad de almacenamiento con un control efectivo de los costes.

Los apiladores eléctricos son más adecuados para aplicaciones de carga ligera, estanterías de media y baja altura y almacenes pequeños o medianos. Como solución de entrada al almacenamiento vertical, ofrecen claras ventajas en términos de inversión inicial. Los apiladores eléctricos TDER cubren alturas de elevación de 1,6 a 5,5 metros, con capacidades de carga de 0,8 a 3 toneladas. Equipados con sistemas hidráulicos de alta fiabilidad y componentes de control de alta precisión, ofrecen un rendimiento superior dentro de su categoría, manteniendo al mismo tiempo una excelente relación coste-beneficio.

Mediante la comparación con las configuraciones predominantes del mercado, los productos TDER demuestran ventajas no solo en altura de elevación, capacidad de carga y adaptabilidad a múltiples escenarios operativos, sino también gracias a su estrategia de venta directa de fábrica y alto valor. Esto permite a las empresas acceder a una gama completa de soluciones para el almacenamiento vertical, desde opciones de entrada hasta configuraciones de alto nivel, haciendo que la inversión en almacenes verticales resulte más rentable y sostenible.


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III. Criterios clave para la selección de equipos de almacenamiento

A medida que el almacenamiento evoluciona hacia modelos más verticales y operaciones más precisas, la selección de equipos se convierte en un factor determinante para el rendimiento a largo plazo del almacén. Para los compradores internacionales, elegir el equipo de manutención adecuado no solo afecta al coste inicial de adquisición, sino que también influye directamente en la eficiencia operativa, la inversión en mantenimiento y la seguridad durante muchos años. Por ello, al comparar distintas soluciones, conviene prestar especial atención a los siguientes criterios clave.

1. Intensidad operativa y turnos de trabajo

Al evaluar un equipo, es recomendable analizar el volumen medio diario de entradas y salidas, así como las horas de operación continua. Por ejemplo, si un almacén maneja más de 500 palés al día y opera de forma continua durante más de ocho horas, conviene priorizar carretillas retráctiles o retráctiles omnidireccionales que admitan carga rápida o sustitución de baterías. Las decisiones no deben basarse únicamente en las horas nominales de autonomía, para evitar interrupciones durante los picos de actividad.

2. Peso de la carga y especificaciones de los palés

Para distintos tamaños y rangos de peso de los palés, seleccionar equipos con una reserva de capacidad del 15 % al 20 % en el mástil y las horquillas ayuda a mantener la estabilidad en operaciones en altura o con cargas descentradas, al tiempo que reduce la necesidad de modificaciones adicionales.

3. Condiciones del suelo y diseño de los pasillos

En almacenes con rampas o secciones de suelo irregular, es fundamental evaluar la pendiente máxima admisible y las especificaciones de los neumáticos. Los modelos equipados con control electrónico de estabilidad o sistemas de amortiguación hidráulica pueden reducir significativamente los riesgos en operaciones a gran altura.

4. Costes y mantenimiento

Al analizar el coste total de propiedad, conviene cuantificar de forma conjunta el precio de compra inicial, la frecuencia media anual de mantenimiento, los plazos de disponibilidad de repuestos y la vida útil estimada del equipo. Calcular el coste por tonelada manipulada suele revelar soluciones con mejor relación coste-rendimiento, que no siempre coinciden con el equipo de menor precio inicial.

5. Normativas de seguridad y certificaciones

En compras destinadas a múltiples mercados, no basta con comprobar la certificación CE o ISO. Se recomienda revisar casos de aplicación reales en los mercados objetivo, incluidos informes de estabilidad a largo plazo en entornos de alta temperatura, baja temperatura o alta humedad, para seleccionar el equipo más adecuado para operaciones multinacionales.

En conjunto, al evaluar la intensidad operativa, las características de la carga, las condiciones de trabajo, la estructura de costes y las normas de seguridad desde múltiples perspectivas, los compradores pueden identificar con mayor claridad el tipo de equipo que mejor se adapta a su escenario logístico, tomando decisiones más sólidas y sostenibles durante el proceso de actualización hacia el almacenamiento vertical.



IV. De la planificación a la ejecución: caminos reales para la actualización del almacenamiento vertical

En los proyectos de almacenamiento vertical, se ha ido consolidando un consenso ampliamente compartido en el sector: las transformaciones integrales ejecutadas de una sola vez suelen implicar riesgos superiores a sus beneficios. Profesionales con amplia experiencia en la planificación de sistemas logísticos coinciden en que los proyectos que logran implementarse con éxito no son necesariamente los que parten de la solución más “avanzada”, sino aquellos que permiten ajustes flexibles a lo largo del proceso.

Un responsable de planificación de almacenes que participó en la construcción de varios centros regionales de distribución comentó en una revisión interna:
“En la fase inicial del proyecto intentamos introducir directamente estanterías de alta densidad y equipos para pasillos estrechos, con la idea de resolver el problema del espacio de una sola vez. Sin embargo, durante la operación real descubrimos que las condiciones del suelo y los hábitos de los operarios no eran compatibles, y la eficiencia global terminó viéndose afectada.”

Tras varias rondas de análisis y pruebas operativas, el equipo ajustó su estrategia. En lugar de reducir de inmediato el ancho de los pasillos, comenzaron por aumentar la capacidad de elevación de los equipos y optimizar la altura de las estanterías existentes, liberando el espacio vertical de forma progresiva. Solo después de alcanzar una operación estable en esta etapa, el proyecto avanzó hacia una optimización adicional de la densidad.

Con el crecimiento sostenido del volumen operativo, el almacén entró en una fase de optimización intermedia. Un responsable de operaciones de una gran red de almacenamiento para comercio electrónico compartió una experiencia similar:
“Una vez que aumenta la altura de las estanterías, lo que realmente marca la diferencia ya no son los parámetros técnicos, sino el nivel de control y la consistencia del equipo en operaciones a gran altura.”

En la práctica, observaron que las diferencias de comportamiento entre equipos—en operaciones continuas en altura, giros frecuentes y jornadas prolongadas—afectan directamente la velocidad de adaptación de los nuevos operarios y la eficiencia global de los equipos de trabajo. Por ello, aspectos como la facilidad de uso, la baja variabilidad operativa y la facilidad de estandarización pasan a ser más importantes que la eficiencia puntual por ciclo.

Cuando los almacenes alcanzan una etapa de operación más madura, algunas empresas comienzan a evolucionar hacia configuraciones de mayor densidad o sistemas semiautomatizados. Diversos integradores de sistemas han señalado en sus evaluaciones de proyectos que aquellos almacenes que reservaron interfaces y margen de expansión en la fase inicial de selección de equipos lograron actualizaciones posteriores mucho más fluidas. En cambio, las soluciones diseñadas exclusivamente en función de las necesidades inmediatas suelen presentar mayores limitaciones cuando el negocio cambia.

Por esta razón, se ha ido formando un consenso en el sector: la selección de equipos para almacenamiento vertical no debe responder únicamente a la pregunta de “si es adecuada hoy”, sino también a “si seguirá siendo válida dentro de tres a cinco años”. Esta atención a la escalabilidad a largo plazo se ha convertido en un criterio implícito entre los compradores más experimentados.



V. Cómo evaluar si un equipo merece una inversión a largo plazo

Más allá de los parámetros técnicos y las configuraciones disponibles, los compradores internacionales pueden evaluar los equipos de almacenamiento desde varios ángulos con mayor valor práctico.

1. Priorizar el rendimiento estable en condiciones reales de operación, y no solo las especificaciones técnicas.
La estabilidad en trabajos a gran altura, la consistencia en operaciones repetitivas y la retención del rendimiento tras un uso prolongado suelen reflejar mejor el valor real del equipo que un único indicador técnico.

2. Evaluar la fiabilidad del proveedor en entrega y servicio posventa.
En compras internacionales, la estandarización de repuestos, la complejidad del mantenimiento y la capacidad de respuesta del soporte técnico influyen directamente en la disponibilidad del equipo. Incluso con configuraciones similares, las diferencias en los modelos de suministro tienden a traducirse en variaciones de coste a lo largo del tiempo.

3. No utilizar el precio como único criterio de decisión.
Un enfoque más racional consiste en evaluar el coste de adquisición junto con la vida útil, la frecuencia de mantenimiento y las mejoras de eficiencia. Para las empresas que están llevando a cabo una actualización de su sistema logístico, las soluciones capaces de cubrir varias etapas de desarrollo y reducir inversiones repetidas suelen ofrecer un mayor valor a largo plazo.

Se recomienda a los compradores incorporar su planificación de crecimiento logístico en el proceso de selección, en lugar de centrarse únicamente en la escala actual. Elegir equipos con cierto margen de flexibilidad en rendimiento, configuración y escenarios de aplicación ayudará a las empresas a mantener la adaptabilidad frente al crecimiento futuro del negocio o a cambios en el modelo de almacenamiento.